Capitulo 18

20 Oct

Este es un fragmento del capitulo XVIII de la Dama de la Frontera

 

Y para el colmo, mi madre otra vez estaba embarazada. ¡Qué desgracia!…

Desde mi perspectiva de hija que ya tenía 8 años observaba con preocupación la degradación moral de mi pobre madre.

A pesar del maltrato, mi madre no perdía el espíritu colaborador con su marido; cuidaba con esmero su presentación personal para con sus jefes, y su clientela. Un día le dijo: “ Pedro no nos compres ropa ni cosas.  Tu eres primero, porque nos provees del dinero…me estás escuchando, Pedro”

Como dice un aforismo “Nadie sabe para quién trabaja” resulta que el espigado y bien perfumado Pedro, aquella mañana sin ningún complejo de culpa le enrostra a mi madre:

“Carmencita-la observó como midiendo su temperamento-. ¿sabes? Tengo algo importante que platicarte…Hoy mismo…”, remarcó con voz áspera.

“Sobre que, Pedro…¿qué me quieres decir con tanta urgencia?”, Carmencita apenas podía caminar por el nuevo embarazo.

El hombre puso ojos de “ternera degollada”, su voz no era su voz. Finalmente dijo:

“Bueno, mi güera…¿te haz preguntado acaso por qué no somos felices como antes?…

Mi mamá dejó de hacer sus cosas impactada por las palabras de Pedro.  Lo miró profundamente a los ojos.

“¡Oye!…¿Acaso estás tomado? ¿Por  qué me hablas así?

Pedro terminó de vestirse para ir al trabajo.

“¡Nunca estuve más cuerdo-elevó la voz-: lo que trato de decirte que seámos más prácticos ¡Ya no nos queremos!  Como pareja somos un fracaso. No somos felices, vivimos como enemigos… Y lo mejor sería separarnos. Eso trato de decirte…

“¡Híjole! ¿Estás hablando en serio?”, respondió ofuscada.

“Sí, hablo en serio”. Se reafirmó el hombre iluminando más sus ojos con rencor.

Mi madre por toda respuesta arqueó sus cejas en señal que estaba muy molesta. Irónica interrogó a su marido.

“Pedro- lo miró a los ojos-. ¿Acaso  hay otra mujer?

Pedro se puso tenso. Quiso mentir, pero algo lo detuvo. Tenía que vomitar la verdad, sólo la verdad. ¡Ahora o nunca!

“Bueno, sí, hay otra mujer. Es una linda muchachita con quien pienso casarme. Por eso te pido el divorcio. Terminemos como amigos, ¿qué te parece?

Carmencita al escuchar esta declaración tórrida sintió que la tierra temblaba bajo sus pies; se sentó como aplastada por una mano gigante. Quedó muda por buen rato. Quiso llorar pero sus ojos estaban resecos como pancas de maíz. Pedro se había plantado frente a ella con furia en los ojos, parecía un ogro.

“¡El divorcio!-exclamó  con aire violento. ¡Quiero el divorcio, mujer!

Carmelita como saliendo de su propia turbación  chorreó estas palabras:

“El divorcio, el divorcio…”

El hombre exigió colérico:

“¡El divorcio, carajo!…Ya te dije que me voy a casar…”

Entonces Carmencita sintió que la sangre Amaral se agazapaba en su cerebro, en sus venas, en su cuerpo y reaccionó contundente:

“¡Brivón, no te casarás! No te saldrás con la tuya”

“¡Si me voy a casar!-exclamó el hombre convertido en un energúmeno.

Entonces se rompió el diálogo. Pedro volvió grupas y salió echando chispas de la casa. Verdaderamente estaba furioso  y desalentado.

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